miércoles, 3 de diciembre de 2008

"El alma de la ley", por Antonio Palao


“… El mortal por la ley vive la muerte del padre y anticipa su propia muerte, reclamada por la ley misma que susurra al oído: “Yo, la ley soy tu inmortalidad, pero has de pagar por ello el precio de tu propia vida particular”. El mortal contempla en la ley su propia ruina, pero no la ruina en su totalidad, ya que parcialmente es la ley y, por ello, parcialmente inmortal. El mortal contempla la ruina del resto que la ley deja, aquello que en él no es idéntico a ella; esto es, su ser hijo, un particular engendrado”.


…Extraña nada la del hijo, nada en la que se encarna la ley, nada necesaria para la ley y por ella querida para perpetuarse. Esta necesidad hace sospechar al hijo la impotencia de la ley:


“Para perpetuarte, ¡Oh ley! necesitas de mí, y cuando la dulce promesa de tu inmortalidad ha persuadido mis oídos, me vuelves la espalda para declararme cascaron de la nada.”

El alma de la ley
Antonio Palao
Aletheia, revista de psicoanálisis Nº1 Valencia 1992