martes, 17 de marzo de 2009

El Arte de la Consagración del Fuego, por Xavier Costa














El tiempo cíclico vertebra la tradición festiva. El tiempo fundamental de las fallas es el tiempo de la representación mítica de la renovación del mundo, que acompaña a la eclosión del ser. El momento de recreación es el de la aparición catártica del fuego en la cremà. En las Fallas existe un año Año Fallero, y un calendario que acuerda el ritmo festivo con las transformaciones estacionales.

































… Las Fallas se originan como una versión peculiar de representación de este sacrificio místico. Mantienen las “viejas piedras” en su representación, tanto en la sociabilidad festiva como en el monumento: el juego, el humor, el comensalismo, el muñeco (ninot), el fuego, etc.., se encuentran hoy en la Fiesta. Además, los actores festivos sostienen aún el sentido purificador del ritual, y lo hacen explícito discursivamente.



… Esta interacción se asienta en el poder de vinculación de la sociabilidad festiva, que congrega a los miembros de una comunidad que cuida la tradición. La efervescencia de la reunión festiva está caracterizada por el juego y sus derivaciones: la poesía y el arte, el humor, la fantasía diurna.

Freud articuló la fantasía o ensoñación diurna con la creación poética y con la imaginación mítica, mostrando que constituyen un sustitutivo de los juegos infantiles y un goce artístico que actúa como placer preliminar que “descarga nuestra alma”. Como en el sueño nocturno, este goce artístico da salida y satisfacción a los deseos reprimidos de un modo deformado y mitigado, elaborados como manifestación artística. Las Fallas constituyen así una fiesta que pone en términos artísticos, poemáticos y fantásticos la antigua conexión mítica ambigua entre la víctima y el dios del viejo sacrificio agrario. La víctima y el dios devienen arte y fuego en la fiesta. En las Fallas arte y fuego se co-pertenecen, y se manifiestan el uno en el otro.
































…La fiesta repite cíclicamente un nuevo “curso civilizador”, haciendo un recorrido de formación que enseña a escapar de la fusión indiferenciada con la naturaleza y de la pretensión de inmortalidad, para volver a aprender el comienzo de la cultura. Tras esos momentos de ausencia e impotencia, de melancolía compartida, que caracterizan a la cremà, la gente baila en circulo alrededor del fuego. De esa danza de noche, entre briznas de fuego y cenizas, vuelve a surgir la Fiesta.

Xavier Costa - Valencia 2005






















evento festivo


Consagración en tiempo de cenizas
nuestro interno pasacalles
en efímeros rituales purifican
de hogueras sin reposo.

Tanta infancia quiero indultar,
salvar del fuego obstinados enseres
que apelmaza la memoria
ahora sátiras,
llamas que reciclan.

Todo monumento arribado
contiene sus risas y llantos
que arde mi figura y se oculta,
cual equinoccio sus días artísticos.



Miguel Iñiguez