lunes, 2 de noviembre de 2009

Mujeres sin corazón (Cuento de Rosalía Linde)

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.....La piel de sus muslos era suave, tanto que a Shanna le hacía acordarse de los pétalos holográficos que todas las mañanas la despertaban en su habitación, con el ritmo sedoso de la arena cayendo sobre sus pies. Estuvieron amándose durante toda la noche y al amanecer, el sol sintético les hizo levantarse, anunciando un nuevo día. No hablaban, se comunicaban sólo con el tacto.Las palabras habían quedado relegadas a la biblioteca global a la que todos accedían por medio de un sensor implantado en el cerebro. Como todos los días, Shanna abrió sus conexiones y pensó en lo que deseaba. Sin saberlo conscientemente, buscó en la base de datos histórica información sobre la prosodia y los antiguos oradores. Hacía siglos que las personas habían dejado de hablar, pero a ella le interesaban el teatro griego y las grandes tragedias, le fascinaba la cercanía que se entablaba entre el rapsoda y el oyente. Le hubiese gustado conocer a los magníficos compositores de las letras de las canciones que de manera tradicional, interpretaban en los auditorios de la ciudad y que sólo tenían para su corazón el sentido de la melodía, pero Shanna deseaba más. Fue en busca de los llamados expatriados, de los hombres que se escondían en los ritos antiguos y que eran considerados como escoria. Ellos eran todos varones, puesto que su cultura del submundo les hacía despreciar el deseo de la igualdad entre hombre y mujer. Eso a Shanna no le asustaba, puesto que era capaz de entenderles... era mucho lo que se sabía sobre esos personajes y ese conocimiento le hacía sentirse más fuerte que ellos. También iban siempre en manada, puesto que los voceros, como se les llamaba entre los superiores, no eran capaces de estar solos, al no hallarse conectados por medio del sensor al resto de los humanos. Comúnmente, se les consideraba inferiores, puesto que no evolucionaron genéticamente, ya que el sensor estaba compuesto de un material orgánico que se heredaba para las siguientes generaciones, alterando la química del cuerpo.-Eh, ¿qué quieres, tecnomujer? en nuestro pueblo no necesitamos seres solitarios. Shanna le mostró mediante un holograma lo que deseaba.-¿Cómo quieres que te enseñe a hablar?primero, eres mujer, segundo, eres tecnológica de quinta generación. Tus cuerdas vocales no sirven ni para un suspiro de placer y menos aún para un grito de dolor. Ey, pero si quieres, te vendo a la niña. Por detrás de ellos, pasó una niña cabizbaja y asustada.-Ella no tiene el implante porque su madre murió en un accidente y el resto de los hombres se despreocupan.Shanna recordó que las mujeres de los voceros tenían el implante, aunque se trataba de una red distinta. En el mundo tecnosocial había diferentes redes, aunque las más distintas eran las de las mujeres de los voceros y las de el resto de los tecnohumanos.Shanna le dio la mano al hombre, se la limpió después con unas hojas de periódico y cogió la mano a la niña. -La niña era muy tímida, pero enseguida, cuando se alejó lo suficiente del territorio de los voceros, le dijo unas cuantas palabras:-Hola, Shanna, me llamo Cylin. Te resultará extraño que sepa tu nombre, pero te conozco a ti y al resto de los humanos que hay sobre la faz de la Tierra. Mi madre era una biotecnóloga, que ideó un sensor mucho más evolucionado. Yo tengo miedo porque tengo el poder de expresar lo que pienso y eso es muy peligroso, pero tú puedes ayudarme a llevar la palabra al resto de las mujeres y así podrá existir una auténtica igualdad entre los sexos.Shanna miró a la niña y le mostró lo que pensaba, a lo que Cylin le replicó:-No te preocupes, yo puedo alterar tus cuerdas vocales y enseñarte a hablar. Ambas caminaron en silencio hasta la casa de Shanna. Allí, Cylin le colocó el sensor nuevo y para Shanna fue como un despertar, incluso mejor que los pétalos o los muslos de cualquier hombre.-Ahora tengo que realizar una sencilla operación, que te permitirá emitir sonidos; después tú misma podrás hablar con la nueva conexión que te he colocado.Cylin sacó de una caja algo que tenía aspecto de orgánico, pero que apenas podía apreciarse y se lo colocó a Shanna en la mano. Inmediatamente, Shanna se sintió reprogramada a la nueva red.-Hola Cylin, me alegra mucho haberte conocido. Tú y yo nos vamos a convertir en las voceras de la comunidad, hasta que podamos llevar los implantes a todas las demás mujeres.-No te preocupes por eso, Shanna, yo soy prestidigitadora. ¿Ves que no tengo nada en la mano? Cylin mostró su palma abierta y zas, apareció un carrusel de juguete con música y movimiento.-Vaya, ya veo, tienes la capacidad de transformar la materia.-Mucho más que eso, tú también la tienes-Shanna intentó hacer algo parecido y lo que deseó apareció ante ella.-Es increíble.-Sí, para la mayoría de la gente.Otro día, Shanna estaba en su casa a solas con un hombre y le habló con dulzura, le dijo cosas hermosas. El hombre sólo pudo corresponder con hologramas. Shanna se sintió tan triste que deseó que la Tierra fuese tragada por la luna y le bastó con desearlo para que se produjese. Cylin entró con su llave en la casa de Shanna y la llamó con su voz infantil; al entrar al dormitorio sintió el tacto suave de los pétalos holográficos y le recorrió un escalofrío. El sol sintético le inundó con su calidez y le pareció que la mañana de ese día se podía resumir en un segundo eterno. No fue capaz de articular palabra.
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Rosalía Linde

Su blog:

Flores de escarcha

3 comentarios:

Viktor Gómez dijo...

"Fue en busca de los llamados expatriados, de los hombres que se escondían en los ritos antiguos y que eran considerados como escoria."

Es de una densidad y de unas alegorías que no permiten este espacio abordar dialógicamente.

Lo resumo en:

- La palabra crea la realidad.

- El sexo es una realidad comunicativa de primer orden.

- Vivir es saber comunicarse.

Desde estas tres bases, palabra, corporeidad sexuada y donación, todo apunta a que la eutopía de Shanna habla del presente con exquisita delicadeza literaria.

Desde mi lectura, claro, nada más que intuitiva.

Un beset

Vík

Ana Muela Sopeña dijo...

Rosalía, ya sabes que este cuento me encanta. Has conseguido fusionar el cuento con la poesía, la actualidad (sociológicamente hablando) con la ciencia ficción. Tu cuento es profundo y nos permite reflexionar hondamente.

- ¿Nos expresamos en la sociedad actual?

- ¿Vivimos la sexualidad de un modo natural?

- ¿Estamos todos conectados y la individualidad se está perdiendo?

Hay muchas cuestiones que el cuento me sugiere.

Me encanta la calidad de tu pluma y tu gran imaginación.

Un beso grande, querida amiga
Ana

Miguel Iñiguez dijo...

Rosalía:

Es curioso como se invierte el proceso. Los seres humanos ahora, protésicos, cada vez más, incorporando la tecnología a expensas de ir perdiendo naturales adaptaciones a partir de lo orgánico; considerando un mundo a base de implantes, sobre flujos de información, a expensas de una aldea global que hereda las mismas escalas jerárquicas o de organización social. Se presenta ahora una bellísima metáfora, como lo es en la recuperación del habla, que encontramos en nuestra extensa literatura y que condensa entre otros aspectos a mi entender la capacidad de un yo que nombra, su pronunciamiento, capaz de acordar su real, libre al mismo tiempo.

Es una sensación que alguna vez habremos tenido (yo, al menos), como un ser que se piensa, que procesa información:

“que cosa, es esa,
tan extraña, que yo,
habite un cuerpo
y que sea un cuerpo humano, un ser humano”

Mi enhorabuena por esta, no tanta ficción

Ana:
Es una magnífica selección, como género cuento, que viene a enriquecer, promover también nuestro espacio de habla, desde la contundente tecnología con que somos desbordados en nuestros trabajos, hogares, relaciones sociales, espacios lúdicos…

Un besote a las dos

Miguel