viernes, 30 de abril de 2010

ARQUITECTURA DE LA ARAÑA - Julio González Alonso





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La ciudad se teje de hilos luminosos, metales
que ruedan, cimientos en el aire enrarecido.
Como la inmensa red de la arquitectura de la araña
extiende su abrazo mortal por el espacio
entregada a las manos invisibles
de sus sueños, aturdidas pesadillas de neón
y de cansancio, el frenético zumbido que recorre sus arterias
y golpea en latidos moribundos todas sus extremidades.

Allí es el hombre, lepidóptero o gusano constructor
en su crisálida; allí es el vuelo al destino de la muerte,
el gemir breve del sexo en amor de alcoba,
allí es la luz del gozo efímero cuando cae el día
engullendo la noche de las calles y los supermercados,
cuando se detiene el ritmo acompasado
de su corazón de trenes suburbanos; los quirófanos
duermen. Cuando traspasan los océanos las palabras sonámbulas,
qué cabe esperar
si las mariposas se extenúan volando alrededor de millones de soles diminutos.

De ese hilo resistente,
de esa tela de araña
de ese mundo interior
vengo.


Julio González Alonso


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Blog de Julio González Alonso

LUCERNARIOS

http://juliogalonso.wordpress.com

6 comentarios:

Julio dijo...

Amiga Ana, me sorprendes siempre gratamente. Encontrar este poema en este espacio resulta emocionante; encuentro que el mismo cobra un valor mayor compartiendo un lugar con los trabajos hasta ahora publicados, algunos conocidos para mí, otros no, pero todos de una exquisita calidad. Sólo cabe, una vez más, expresarte todo mi agradecimiento. Con un abrazo.
Salud.

Ana Muela Sopeña dijo...

Julio:
Ya te comenté que publicaría este poema tan estupendo en este espacio.

Es un texto sumamente interesante y creo que debe llegar a más lectores.

Un abrazo fuerte, amigo de letras
Ana

Miguel Iñiguez dijo...

Una excelente aportación Ana. Un poema que abraza una extralimitación, hasta donde alcanza un línea delgada de existencia. Quedar suspendido, de abierto albedrío, a expensas de quedar amordazados por el acero o el cemento. Un cuerpo que duerme y alberga otros cuerpos diminutos. Un desafío estructural, parecen querer advertir sus luces de neón en las contracturas de un edificio que concilia sus sueños.

Un poema que agradezco Julio, su relectura como ese telar mágico que nos constituye, siempre alumbrado por la palabra.
Un abrazo siempre

Julio dijo...

Miguel, no hay nada que más agrade y sorprenda a quien escribe algo -bien sabes- como encontrar un lector atento y perspicaz. Te agradezco el comentario y te digo que has hecho que me sienta leído, lo que resulta impagable. Con un abrazo.
Salud.

Miguel Iñiguez dijo...

Julio, el placer es nuestro. Poder comentar y tratar este poema ha de servir de bienvenida a este espacio para otras publicaciones y que siempre agradeceremos. Ana sabe de mi afinidad a tu escritura aunque no lo hayas sabido de mí directamente pero me gusta como escribes. Lo bueno que tienen los blogs es que permiten este intercambio además de divulgación.

Un abrazo grande desde Valencia

Julio dijo...

Miguel:
En realidad no sabía, como dices, que tuvieras noticia de mis escritos. Me has sorprendido; bueno, en realidad me sorprende siempre que haya personas que se detengan a leer, ¡con las prisas que gastamos y la cantidad enorme de buenos escritores que hay! Por eso, todo ello es de agradecer doblemente. A través de este enlace también pude leer algo en tu cuaderno Soñé y mi primera impressión sobre tu particular sensibilidad y atención ha quedado plenamente confirmada. Enhorabuena.
Salud.