
SECUESTRAN LAS PALABRAS
Por todos los lugares de la Tierra secuestran las palabras,
las atan a los postes de la luz, las enjaulan en cárceles,
las censuran en medios,
las violan o las edulcoran tanto que ya no dicen nada.
Las palabras no lloran, tienen heridas que no sangran.
Hay palabras que nunca se pronuncian por la amenaza de palizas.
Hay palabras que jamás escuchamos, porque navegan sin un puerto.
Por todos los lugares de la Tierra se pierden las palabras
de lenguas extinguidas. Al morir un idioma
no sólo mueren las palabras, también una manera de mirar,
una cosmovisión que observa el mundo con ojos diferentes.
En el lenguaje cotidiano cada día la gente
reduce en un número importante
cantidad de vocablos.
Los mensajes de móvil
se van haciendo diminutos,
los e-mails cada día son más cortos
y las antiguas cartas
se encuentran en peligro de extinción.
En la televisión
las palabras se burlan de nosotros,
se achican, se transforman en mediocres.
Por ello,
debemos custodiar con gran cuidado
las palabras en vías paralelas...
Ana Muela Sopeña
las atan a los postes de la luz, las enjaulan en cárceles,
las censuran en medios,
las violan o las edulcoran tanto que ya no dicen nada.
Las palabras no lloran, tienen heridas que no sangran.
Hay palabras que nunca se pronuncian por la amenaza de palizas.
Hay palabras que jamás escuchamos, porque navegan sin un puerto.
Por todos los lugares de la Tierra se pierden las palabras
de lenguas extinguidas. Al morir un idioma
no sólo mueren las palabras, también una manera de mirar,
una cosmovisión que observa el mundo con ojos diferentes.
En el lenguaje cotidiano cada día la gente
reduce en un número importante
cantidad de vocablos.
Los mensajes de móvil
se van haciendo diminutos,
los e-mails cada día son más cortos
y las antiguas cartas
se encuentran en peligro de extinción.
En la televisión
las palabras se burlan de nosotros,
se achican, se transforman en mediocres.
Por ello,
debemos custodiar con gran cuidado
las palabras en vías paralelas...
Ana Muela Sopeña