jueves, 2 de mayo de 2013

La huella del arrecife – Pedro Montealegre





Ahora mismo la crónica. ¿Adónde
desemboca este meandro? No callo. El pincel
y el tintero: extender la mancha sobre otra.
Entonces el corte. Ahora mismo el corte. Fatalidad
de escribir, letra blanda de algodón. No llorar
sobre el átrida. No cazar alejandrinos
en el proscenio. No compres azúcar en la ferretería.
El afilador. Su silbato. Que -viene el afilador.
Aparta el augurio besando un lapislázuli:
cómprale algodones al que pule cuchillos.
Ve con tu madre a morderle una teta.
Una manzana de caramelo, las moscas
pegadas en superficie. Merezco
inhalar ambientador, recordar el jazmín;
lavarme los dientes con bicarbonato,
agua oxigenada bajo las pestañas inferiores.
Iluminaré con lápices fluorescentes
las páginas -libros de ensayo-
un caracol tras la huella del arrecife.


Ahora mismo lo extremo. Objetas
su caparazón, su nácar rosáceo: abriste
la semilla, dos valvas, gameto de moho -el ojo
del maestre: herido tantea con su termómetro el aire.
Estoy a punto de fusión, beso el sílex con pólvora,
apunto de comerme el hollín con que el travestí
se ahúma el párpado: el golpe -del cerebelo
contra su cerebro- asomarse al balcón, ideograma
de golondrinas, rogarle a la tormenta: “concéntrate
en mi boca”. La parábola del noticiero.
El contubernio define. Impetu de buscar
arañas -los huecos de las cuencas-
en formas fantasmales emanadas de chimeneas,
el tubo de ensayo del masturbador.


#


Usamos el poder -la inquina- acumulamos
pañuelos amarillos de la gripe sobre el terreno
habitado por trípticos, el nuevo hipermercado,
querubines a punto de estornudar. El balcón
nunca limpio del todo, la vecina y su limpiacristales.
Papeles amarillos de rabia, azules de limpieza.
Perdóneme, vecina: le contagié el catarro. No
te perdono ni me digas eso. Adonde el litigio.


Los miembros desencajados, muñequito de playmobil:
la púa de santa Rita. Expósitos
van y usan tu ropa, miran los agujeros de sus sandalias.
En los bufetes libres piden salmón, estos peces
lo miran desde el pasado del río, otro país,
una tierra que conoces. El hormigueo
de un grillo a punto de saltar desde una caja.
Si la abres con cuidado quizás yo salte:
mis ojos enormes, reticulados, dividiéndote
por algo exponencial. Soy el grillo, el sedán
de Majorette bajo el barro, la grosella, el salpullido,
vara de coligüe: suben arañas culo púrpura,
arvejas hasta el cielo, el otro lado del mundo.


Un gigante. Una pata muda. Mis huevos de oro.
No negaré nuestro vínculo: tiene de verdad
un tamaño de médula, la responsabilidad de sostener
la columna del tiempo. No pongas esa cara,
es mucho más banal: trozo de uña cortada
con la técnica del manicurista. Quásar
donde explotan poros y la fotosíntesis
encaja en términos de economía o moda. Mi perra estornuda.
Su nariz chata formula juicios: “sácame, reviento
si no meo ya”. Y tú, con índole, mitad de cuerda, mitad de
collar -como yo- nos anudaremos
a perras futuras, patente, cédula de identidad,
raza, pedigrí. Rojos, huecos, redondos. Un collar
del que cuelga también una pequeña chapa.
Todo mientras los mendrugos se endurecen
con nuestra edad, cuando parece que una miga
no pesa. Precipicio del nombre. Cae uno, otro.









LA POBRE PROSA HUMANA: PEDRO MONTEALEGRE
Colección ONCE
Ediciones Amargord



Pedro Montealegre (Santiago de Chile, 1975) es periodista. Ha publicado los poemarios Santos Subrogantes (Ediciones de la Universidad Austral de Chile, 1998), La Palabra Rabia (Editorial Denes, Valencia, 2005), El Hijo de Todos (Ediciones del 4 de Agosto, Logroño, 2006), Transversal (El billar de Lucrecia, México D. F., 2007) y Animal Escaso (Ediciones Idea, Las Palmas de Gran Canaria, 2010). Por su primer libro le fue otorgada la medalla Fernando Santiván, de la Universidad Austral de Chile; con su segundo libro ganó el IV Certamen de poesía Cesar Simón, de la ciudad de Valencia. Ha sido publicado, entre otras, en las antologías El decir y el vértigo. Panorama de la poesía hispanoamericana reciente 1965-1979 (Filodecaballos, Conaculta, México, 2005), Voces del Extremo, Poesía y Vida (Fundación Juan Ramón Jiménez, Moguer, 2006), Diecinueve -poetas chilenos de los noventa- (J.C. Sáez Editor, Santiago, 2006) y en Sin red ni salvavidas. Poesía contemporánea ele la América Latina (Secretaría de Cultura de Colima- CONACULTA, México, 2009).




Fotografía: Miguel Iñiguez;

Como imagen de lectura extraída de la obra

“Pintar sin tener ni idea y otros ensayos sobre arte”

De Ángel González García

© de la edición: Lampreave y Millán