Ahora se respira el musgo con otra fragancia de arquitectura, no menos integradora del tiempo que ahora toca vivir, un escritorio cercano, reflexivo el susurro de la cosa familiar que nos habla se acicala en el trecho de esas arcadas junto a sus pilares. Una imagen para sostener ese universo, agrupar el miedo y darle nombre, contener el alba que renace cada día en nosotros, cuando se escucha el eco en estancias de gotas casi metálicas, reverberan nuevos propósitos, son despertares o advertencia de azules paseantes.
Fotografía de Ignacio Iñiguez
y galería en enlace:
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