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martes, 29 de septiembre de 2009

CERVAL, de Daniel Bellón, lectura recomendada



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Una reseña sobre Cerval poemario publicado en el 2009 por la Editorial Baile del Sol y que recoge 100 textos relampagueantes nacidos en escritura semi-automática en un plazo breve de dos meses y que es para mí uno de los libros esenciales del año en curso.

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97

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Crezco en extenso: horizontal y vertical. De izquierda a derecha. De arriba abajo. No en una hoja en blanco. Ni en un muro. Sino en tres dimensiones. Buscando siempre el calor que deshabilita el miedo y la ferocidad que nace de las tripas del miedo. No soy cartografiable. Nadie cabe en un mapa.


Daniel Bellón


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Uberto Stabile, Daniel Bellón y Armando Rivero en la Libreria Primado. En octubre repetirán los poetas canarios Daniel Bellón y Armando Rivero (que presentará un muy apetecible libro nuevo) en Acercando orillas el jueves 29 en Libreria Primado a las 19:30 h y el viernes 30 en Café Cultural El Dorado Espacio MAE a las 20 h.
Y junto a ellos poetas como Antonio Méndez Rubio, Lucia Boscá, Laura Giordani, Arturo Borra, Quique Falcón, Safrika, Arturo Méndez Cons, Vicent Camps, Carlos Doniz, Nacho Messeguer y Antonio Martínez.

Más textos y comentarios sobre Cerval,
aquí

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96 (xxiv)

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De tu luz habitada y alborotada y rebelde que brota negra de tus ojos. Negra luz. No esa blanca que dicen anunciadora de la muerte. Me extiendo para seguir su rastro. Me enredo y trepo. Busco los rincones. Como una enredadera. No como un árbol. Crezco en extenso.

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(xxiv): "Como una enredadera, no como un árbol. Historia copyleft de la sociedad de la Información:
Ver aquí

lunes, 17 de agosto de 2009

Roque Dalton: Poesía todavía insurrecta y vivaz

Exceso de equipaje






Poema de amor

sábado, 8 de agosto de 2009

ENRIQUE LIHN BAJO LA INSPIRACION DE LOS AEROLITOS

Enrique Lihn (Santiago, 3 de septiembre, 1929 - Santiago, 10 de
julio, 1988) uno de los poetas que tienen pendiente en España la
edición de sus obras completas y que tiene en su haber algunos
poemas irrenunciables de la mejor poesía latinoamericana.

Ahí va una muestra, por gentileza de elobos1 que en el 2007 lo
puso en la red.


Víktor Gómez







"PORQUE ESCRIBI"
ENRIQUE LIHN

Ahora que quizás, en un año de calma,
piense: la poesía me sirvió para esto:
no pude ser feliz, ello me fue negado,
pero escribí.

Escribí: fui la víctima
de la mendicidad y el orgullo mezclados
y ajusticié también a unos pocos lectores;
tendía la mano en puertas que nunca, nunca he visto;
una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.

Pero escribí: tuve esta rara certeza,
la ilusión de tener el mundo entre las manos
-¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco
con toda su crueldad innecesaria-.


Escribí, mi escritura fue como la maleza
de flores ácimas pero flores en fin,
el pan de cada día de las tierras eriazas:
una caparazón de espinas y raíces.
De la vida tomé todas estas palabras
como un niño oropel, guijarros junto al río:
las cosas de una magia, perfectamente inútiles
pero que siempre vuelven a renovar su encanto.

La especie de locura con que vuela un anciano
detrás de las palomas imitándolas
me fue dada en lugar de servir para algo.
Me condené escribiendo a que todos dudaran
de mi existencia real
(días de mi escritura, solar del extranjero).
Todos los que sirvieron y los que fueron servidos
digo que pasarán porque escribí
y hacerlo significa trabajar con la muerte
codo a codo, robarle unos cuantos secretos.

En su origen el río es una veta de agua
-allí, por un momento, siquiera, en esa altura-
luego, al final, un mar que nadie ve
de los que están braceándose la vida.
Porque escribí fui un odio vergonzante,
pero el mar forma parte de mi escritura misma:
línea de la rompiente en que un verso se espuma
yo puedo reiterar la poesía.

Estuve enfermo, sin lugar a dudas
y no sólo de insomnio,
también de ideas fijas que me hicieron leer
con obscena atención a unos cuantos psicólogos,
pero escribí y el crimen fue menor,
lo pagué verso a verso hasta escribirlo,

porque de la palabra que se ajusta al abismo
surge un poco de oscura inteligencia
y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.

Porque escribí no estuve en casa del verdugo
ni me dejé llevar por el amor a Dios
ni acepté que los hombres fueran dioses
ni me hice desear como escribiente
ni la pobreza me pareció atroz
ni el poder una cosa deseable
ni me lavé ni me ensucié las manos
ni fueron vírgenes mis mejores amigas
ni tuve como amigo a un fariseo
ni a pesar de la cólera
quise desbaratar a mi enemigo.






Y gracias a
carrollera también podemos disfrutar de este otro poema.










LA DESPEDIDA


¿Y qué será, Nathalie, de nosotros. Tú en mi
memoria, yo en la tuya como esos pobres
amantes que mientras se buscaban
de una ciudad a otra, llegaron a morir
—complacencias del narrador omnividente, tristezas
de su ingenio— justo en la misma pieza
de un hotel miserable
pero en distintas épocas del año?
Absurdo todo pensamiento, toda memoria
prematura
y particularmente dudosa
cualquier lamentación en nuestro caso;
es por una deformación profesional que me permito
este falso aullido
ávido y cauteloso a un mismo tiempo. «Todo es
triste —me escribes— y confuso,
y yo quisiera olvidarlo todo». Pero te das incluso,
entre paréntesis
el lujo de cobrarme una pequeña deuda y la palabra
adiós se diría que suena
de un modo estrictamente razonable.
El amor no perdona a los que juegan con él. No
tenemos perdón del amor, Nathalie
a pesar de tu tono razonable
y este último zumbido de la ironía, atrapada en
sí misma,
como una cigarra por los niños.
El viento nos devuelve, a ti en Bonnieux
a mí en un París que a cada instante rompe, contra
toda expectativa,
sus vagas relaciones lluviosas con el sol,
el peso exacto de nuestras palabras de las que
hicimos un mal gasto al cambiarlas por
moneda liviana, pequeñísima,
y este negocio de vivir al día no era más que,
a lo lejos, una bonita fachada
con angustiados gitanos en la trastienda.
El viento al que jugamos Nathalie, mientras
soplaba del lado de lo real, en la Camargue,
nos devuelve
—extramuros de la memoria, allí donde el mar brilla
por su ausencia
y no hay modo de estar realmente desnudo—
palmerales roídos por la arena, el sibilino rumor
de una desolación con ecos
de voces agrias que se confunden con las nuestras.
Es la canción de los gitanos, forzados
a un nuevo exilio por los caminos de Provenza
bajo ese sol del viento que se ríe a mandíbula
batiente del verano y sus pequeños negocios.
Son historias, también tristemente confusas. La
diferencia está en que nosotros bajamos
desde el primer momento el diapasón de la nuestra;
sí, gente civilizada. . . guardando, claro está,
las debidas distancias
—mi desventaja, Nathalie— entre tu tribu y la mía.
Pero Lulú es testigo del Tarot; Lulú que parece
haber nacido bajo todos los signos
del zodíaco,
antes hada madrina que rigurosa vidente,
ella lo sabe todo a ciencia incierta, tu amiga.
Nada con los romanos y sus res gestae; el porvenir
se lee bajo la inspiración
de los aerolitos, en la mano misma;
entre griegos no hay líneas decisivas; una muerte que
dice, únicamente ella,
la última palabra de lo que un hombre fue; y el
temblor en las manos, Nathalie,
el brillo o la humedad en los ojos, el deseo.


miércoles, 4 de febrero de 2009

Poema de José Hierro "Renunciación"




















Lo quiso todo o nada.
Por eso dejó todo:
para tenerlo todo.

Qué sentirá. Qué cifra
ordenará su mundo,
revelará sus seres.

Qué esfinge arranca ahora
al arpa sideral
arquitecturas músicas.

Y cómo ramas, nubes
granos de sol, enjambres
de lluvia, romperán

contra su trono de oro,
salpicarán su báculo
del alba de las nadas…

José Hierro


( Perteneciente a su obra “Libro de las alucinaciones”
en ediciones CATEDRA)


lunes, 5 de enero de 2009

JUAN GELMAN: resistencia del pato salvaje




El pato salvaje


A Jorge Boccanera



En medio de su olvido ocurre

la grandeza del mundo en la

fuga del pato salvaje.

Y cómo vuela la criatura, cómo

escribe trecho a trecho fuego

en la forma invisible

que apuesta contra él.

Eso es volar y los espacios

de lo que triste era, rocan

un todo pequeñito.

Ave pájaro que

cruzás el cielo como una ilusión

de lo que fue no sido

bajo el sol que no hace preguntas.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Indagación, poema de Eduardo Mitre


mom semblable, mon frére. Baudelaire

De qué herida vendrá el que te hiere.

Así, tan de filo, lujosamente.
De cuánta hambre o sed.

De qué adolescencia humillada.
De qué niñez a golpes enterrada.
De qué piel perdida o inútilmente deseada.

De qué desnudez cortante como navaja.
De qué herida reciente o lejana.

De qué roto sueño.
De qué pronta muerte.
De qué primer muerto.
De qué, de quién vendrá a herirte

como si fueras un dios;
tú, tantas veces herido,
y tantas —como él— heridor.



Eduardo Mitre

domingo, 19 de octubre de 2008

Poema de Eduardo Mitre


Vitral del pasado




Nunca se quedó atrás nuestro pasado:

tenaz, entre intervalos de aparente olvido,

nos fue siguiendo los pasos, furtivo

como un ladrón detrás de los árboles.


Pasajero invisible en los viajes,

se embarcó con nosotros

en los trenes y aviones

que por deseo o fuga abordamos.


En los cuartos de los hoteles,

tras el azogue de los espejos,

registró celestinamente

los cuerpos prohibidos que amamos.


A menudo, es cierto, perdió el sentido

(no las huellas) de nuestro tránsito,

pero siguió, indigente, recolectando

fragmentos de cuanto vivimos.


Sólo bastó que llovieran los años

y nos volviéramos lentos

para sentirlo sobre la espalda, con su talego

de calamidades y milagros.


Eduardo Mitre (Oruro, Bolivia, 1943) es autor de los libros de poemas Camino de cualquier parte (Visor) y El paraguas de Manhattan (Pre-Textos).