Traqueteas entre la columna
y la noche.
¿Alguien puede
cambiar la luz de diez mil estrellas por un vaso
de agua fría?
Qué desazón truena sobre una nube?
Todo lo cerca que procure esta unidad que en tus días me susurraste

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A Miguel Morata, librero y excelente lector
en su más inagotable sentido crítico y fraterno.
"La belleza no existe si no la acompañan las personas" Antonio Gamoneda
"…convertir lo interior en exterior sin usar el cuchillo" Blanca Varela
La inocencia no es poesía. La poesía, sin inocencia, ¿a qué huele? El poeta no es neutral. ¿Qué uñas se mantienen transparentes cuando se recolecta sin guantes? Para extraer un verso verdadero, como la muchacha que se afana con el lomo doblado y sin descanso, como el recolector de remolacha, han de sangrar los dedos -saltar las uñas negras- se ha de embarrar la nieve.
Víktor Gómez, Valencia, julio de 2009
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(Del poemario inconcluso, Perfeccione lo inútil a lo inútil)


REFERENCIAS DE LA AUTORA
Gracia Íñiguez es Astróloga y escritora, con ésta su segunda novela infantil, nos muestra su alma de niña y la claridad y dominio del lenguaje apropiado.
SINOPSIS
Este cuento infantil narra la historia de Edu, un niño con síndrome de Down, que en el trayecto de vuelta a su casa desde la escuela rompe con la rutina que le llevará a vivir una aventura y le trasladará hacia un destino inesperado.
Extracto Los árboles blancos: descargar
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Una pincelada de más acaba por estropear un cuadro, una sola palabra puede arruinar un poema y también puede destruir una historia de amor, si se convierte en una bala. Detenerse a tiempo, esa es la primera regla del arte y Matisse lo sabía cuando pintó su famosa composición La Danza, en la que cinco muchachas desnudas bailan agarradas de las manos formando un círculo con la guirnalda de sus brazos. La simple apariencia te hace creer que ese círculo es perfecto, que está totalmente cerrado, que en él ya no cabe nadie más, pero no es así. Dos bailarinas en primer plano no llegan a alcanzarse con las manos, el artista ha creado entre ellas un vacío que genera una tensión rítmica en todas las danzantes forzándolas a girar. Es difícil encontrar un cuadro que exprese mejor la dicha de vivir. Da la sensación de que al espectador le bastaría con agarrarse de esas manos libres aún para ensanchar el círculo y sumarse al baile. Ese vacío está formado por los momentos felices de la vida: la playa de la niñez llena de gritos y de cuerpos dorados persiguiendo la pelota de Nivea, las risas de tu juventud con los amigos a la sombra de los plátanos, el campari que iluminaba la terraza del café Rosati en Roma, todos los viajes al Sur, las dunas del desierto rayadas por los lagartos, aquellas hogazas de trigo candeal que tenían el color del románico, la lectura de los versos de Keats favorecida por una melodía de Grieg, aquella navegación por la costa de Turquía buscando recalar en Efeso. Basta con desnudar la memoria y aceptar como un don de los dioses la belleza que un día te fue regalada sin más, para que esas muchachas de Matisse te admitan con gusto en la danza. El pintor Miguel Ángel también conocía la carga magnética que contiene el vacío, por eso en lugar de unir los dedos de Adán y de Jehová en el techo de la Capilla Sixtina dejó sus yemas a punto de entrar en contacto, vibrando en el aire, sin llegar a rozarse. El vacío que existe entre esos dedos, de pronto, causó una detonación y su onda explosiva creó al primer hombre. En la plaza del poblado dos vaqueros se miran a los ojos con las manos en la culata del revólver: el vacío que existe entre ellos es absolutamente creativo; una pareja de adolescentes está a punto de besarse por primera vez: esa mariposa radioactiva que aletea entre sus labios podría levantar una montaña; unos amantes van a pronunciar la palabra maldita que destruirá una larga historia de amor: su silencio incluye la vida y la muerte. El arte consiste siempre en detenerse.
Manuel Vicent
Columna del Domingo 13 de Febrero del 2005
En el diario ‘El País’
Después de obtener la Licenciatura en Derecho y Filosofía por la Universidad de Valencia, se trasladó a la capital, donde cursó estudios de Periodismo en la Escuela Oficial. Colaboró en las revistas Hermano Lobo y Triunfo, y también en el diario Madrid. En esta publicación estrenó su faceta de columnista político, que continuó y consolidó en El País, medio para el que escribe en la actualidad.
Su obra comprende novelas, teatro, relatos, biografías, artículos periodísticos, libros de viajes, apuntes de gastronomía, entrevistas y semblanzas literarias, entre otros géneros. Sus novelas 'Tranvía a la Malvarrosa' y 'Son de mar' han sido adaptadas para la gran pantalla dirigida por José Luis García Sánchez y por Bigas Luna, respectivamente.
Vicent compagina su labor como escritor con la de galerista de arte, una de sus más conocidas pasiones.
Con una prosa voluptuosa y sensual, sublime y mordaz, Vicent plasma en sus columnas y relatos hermosos cuadros que tratan de reflejar “esos momentos que nos hacen felices, perplejos, escépticos y expertos en dioses menores”.
Una ínfima parte es lo que mostramos
ello es suficiente cuando revela
un modo de ser en constante andadura,
desde esa ubicación que viene del otro
afinando los sentidos.
Un afán viajero se acentúa, pero solo ellos,
caminos y ensenadas,
auguran siempre nuevas visiones.